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La asombrosa historia de las gafas de sol

November 1, 2017

Dado que este año el uso de las gafas de sol se está prolongando a causa de las altas temperaturas, queremos aprovechar nuestro periplo diario por la blogosfera para adentrarnos en la asombrosa historia de este práctico accesorio, que no sólo protege los ojos de las peligrosas radiaciones solares, sino que en los últimos años se ha convertido en un auténtico complemento que nos permite ir a la última moda.

Muchas personas piensan que el origen de las gafas con lentes tintadas se encuentra en las que usaban los aviadores durante la Segunda Guerra Mundial. Si bien es cierto que fueron los militares quienes en mayor medida contribuyeron a su popularización, la realidad es que para encontrar las primeras gafas de sol tenemos que remontarnos varios miles de años atrás.

En concreto, tal y como nos indica el blog «Noticias Lenssport» en un exhaustivo artículo que repasa los curiosos orígenes de este accesorio, para encontrar el primer antecedente histórico de las gafas de sol tenemos que trasladarnos hasta hace más de 12.000 años. Ya en esa época, los pueblos esquimales hicieron gala del ingenio suficiente para fabricar con conchas, huesos o madera unos artilugios que reducían la cantidad de luz que entraba en los ojos, evitando así la ceguera que puede llegar a producir la luz del sol al reflejarse en la nieve.

Para encontrar las primeras lentes de sol propiamente dichas, en necesario avanzar hasta mediados del siglo XIII, cuando James Ayscough empezó a experimentar con cristales tintados para encontrar remedios eficaces a problemas de visión. Desde entonces, la presencia de las gafas de sol en la historia ha sido constante. Así, se dice que ya en el siglo XV los jueces chinos ahumaban sus lentes para ocultar la expresión de sus ojos durante los juicios.

 

Tal y como se conocen hoy en día, las gafas de sol no comienzan a fabricarse en serie hasta 1929, año en el que el empresario Sam Foster empezó a venderlas entre los asiduos a las playas de la Costa Este estadounidense. Sin embargo, los encargados de dar el espaldarazo definitivo a la popularización de este complemento fueron los pilotos de la fuerza aérea de ese país.

A comienzos de los años 30, muchos aviadores se quejaban de que el sol les provocaba dolores de cabeza y náuseas y les deslumbraba cuando ejecutaban maniobras delicadas. Para poner remedio a esa situación, en 1933, el Ejército de los EEUU encargó a la empresa especializada en tecnología óptica Bausch & Lomb que creara unas gafas con lentes polarizadas para proteger a sus pilotos de la luminosidad en las altitudes.

De esta forma nacieron unas gafas antibrillo, conocidas como «Ray-Ban», por la contracción del inglés «ray banner» —«barrera contra los rayos». En 1937, se autorizó su venta al público. Habían nacido las míticas Ray-Ban Aviator, unas gafas de sol que se convirtieron en un elemento más del uniforme de la aviación estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial.

En los años posteriores al conflicto bélico, las gafas con lentes de espejo y finas armaduras metálicas se pusieron de moda entre los hombres, ya que la influencia de la estética de militares y aviadores les confería un aura de virilidad.

Con la llegada del movimiento hippie, ya en los 60, las gafas de sol se convirtieron en un complemento chic y popular, que era posible encontrar en todas las formas, tamaños y colores imaginables. Desde entonces, este útil accesorio inventado por el pueblo inuit se ha convertido en indispensable para millones de personas.

 

 

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